HOLA

En el mes de diciembre de 1984 mi esposa acababa de salir de los 40 días de la dieta postparto de nuestro cuarto hijo, el único varón de nuestros hijos de nombre Juan Sebastián; en ese diciembre él cumplió cuatro meses, Norma Andrea, nuestra hija mayor ocho años, Ibonne siete años, Angélica tres años y mientras estrenábamos la nueva casa en el barrio Cedro Bolívar al norte de la fría y hermosa ciudad de Bogotá, mi esposa Linita y yo, compartíamos un café recién molido con mis padres Hernando y María Elena.
Sorbo a sorbo, empezamos a recordar cómo fueron nuestras infancias, una imaginación reflexiva me llevó mucho más atrás a pensar que nunca he creído que somos un accidente de la naturaleza, sino que fuimos enviados como una respuesta al amor de nuestros padres, llegamos a esta vida con un paquete de virtudes para triunfar y un cúmulo de defectos para mejorar, que si contamos con suerte y sensibilidad lo podremos realizar.
En esas conversaciones, al calor de un buen café, nació no solo la restauración de nuestra accidentada relación, también este trabajo que, sin ninguna pretensión altruista, busca dejar un recuerdo a mis hijos para que no se pierda la bella y dramática travesía de nuestra familia, sus luchas, costumbres, triunfos y fracasos, vividos en nuestra querida Colombia. Inicio contando la historia que conozco, la cual inició en 1903, fecha en que al parecer nació mi abuelo Simón, muy cerca de Ocaña, la primera capital de Colombia, nuestra historia, como la de cualquier colombiano, va muy ligada a la famosa comisión de ciencia y tecnología, que su informe escrito en 1993 por uno de los compatriotas más notables e inspiradores que tenemos, el nobel de literatura Gabriel García Márquez, en el cual nos describe así: “Queremos siempre un poco más de lo que ya tenemos, más y más de lo que parecía imposible, mucho más de lo que cabe dentro de la ley, y lo conseguimos como sea: aun contra la ley. Conscientes de que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos, abstencionistas e ingobernables,” recomiendo sobremanera su lectura.


Bienvenidos a la pantalla visual de mi imaginación.
Hernando Gutiérrez Prado

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